viernes, 19 de diciembre de 2014

Callejones de alquitrán…




La visión está borrosa,
pero puedo verlo:
similar a una caricia,
parecido a una garra.
Es el conocido humo
que deja hollín negro;
un hedor nauseabundo
carente de dueño;
el vil aroma del miedo.
Ocurre cuando se activa
la luna y dispara salvas
de aviso y salvaguarda.

La visión está borrosa,
pero puedo verlo:
Despierta doña basura,
las ratas y las metáforas.
Es decadencia virgen.
Son cuchicheos, silbidos,
viejas brujas farfullando.
Y mientras tanto,
los lobos hambrientos
no dicen ni gimen,
se pierden en la calleja
del pozo de alquitrán,
y matan, y muerden, y…

La visión esta borrosa,
pero puedo verlo.










viernes, 24 de octubre de 2014

Enmudecido



Pasa el tiempo.
La queja es vana,
la espera, larga.
Media hora, una,
dos, tres, cuatro.
El fuego se crece,
las ideas mueren.
No hay nada que
se pueda hacer;
sola cabe la espera.




Melancolía...



No es un lastre, es una forma de ver la vida.
Siempre ha estado conmigo, fiel a la causa,
escondida entre las sombras del atardecer,
esperando el momento oportuno, tranquila.
La melancolía del poeta es perenne, vil,
indestructible. Solo se aplaca versando
malas experiencias y tragando feas palabras.

Ella es así, mi musa, mi salvaguarda...



viernes, 12 de septiembre de 2014

Óxido en la piel


Los edificios se caen,
perecen sin más. 
La ciudad se oxida 
desde dentro, riendo. 
Los niños grises gritan
sin freno al anochecer. 
Las prostitutas gimen 
como leonas asesinas. 
Los maleantes mueren; 
son juzgados y arden . 
Dios se oculta en la farsa 
de una ciudad maldita.

¿Ha cambiado algo? NO.



miércoles, 27 de agosto de 2014

Infierno de asfalto




La cerveza corre,
hace de sangre
y de veneno mortífero.
Las alcantarillas
vomitan vapores
cargados de odio,
toxinas y muerte.
Los demonios
del asfalto están
robando el tiempo
de los ángeles
condenados por dios.







jueves, 21 de agosto de 2014

Costumbrismo sucio






La fina y delicada chapa se arruga
con un simple y espontáneo gesto.
Aprieto el puño y se aplasta, así de fácil.
Se trata de una lata roja de refresco.
La acción es violenta, pausada y fría.
En el habitáculo quedan intimidados.
Miro a los lados y dibujo una sonrisa
diabólica en el rostro, ellos lloriquean.
Me hacen gracia, son apestosos,
no son nadie, parecen ridículos presos
de segunda categoría, culos frescos,
carroña olorosa, pútrida y maltrecha.
Apunto y disparo. Arrojo el recipiente
metálico a la papelera y sigo mirando.
Llega la hora, carcajeo y me largo.

Mañana será otro inevitable día gris.