viernes, 12 de septiembre de 2014

Óxido en la piel


Los edificios se caen,
perecen sin más. 
La ciudad se oxida 
desde dentro, riendo. 
Los niños grises gritan
sin freno al anochecer. 
Las prostitutas gimen 
como leonas asesinas. 
Los maleantes mueren; 
son juzgados y arden . 
Dios se oculta en la farsa 
de una ciudad maldita.

¿Ha cambiado algo? NO.