jueves, 29 de enero de 2015

Hombre: bestia


Un simple gesto, un sólo hombre;
un acto triste, un adiós perpetuo.
Atrás queda la tormenta, muy lejos,
atrás quedan los actos deshonestos.
Ahora hay que escalar la montaña
y gritar, gritar como bestia salvaje
y saltar hasta dejar de ser hombre.
Volar, arder en las llamas y resurgir.
Un simple gesto, un adiós continuo.





Mr. Óxido

Un hombre de la vieja escuela, de sencilla y oscura mirada. Profundo, encuevado, triste. Las tretas no son de su agrado, pero en caso de necesidad, es único inventando trampas sociales. Capaz de trabajar en grupo y muy capaz de destruir todo aquello en lo que ha trabajado.
Sus fantasmas le atormentan por momentos, breves lapsos. Y los diablos le acompañan; y su espada, limpia y afilada, no es un adorno o un complemento decorativo, es una lengua áspera y envenenada, un mortal juego de palabras.
El menosprecio le avala, y los lloros ajenos le espantan.
La rima fácil y el insulto jovial son su guardia; y las amistades falsas y la falta de gracia, su emocional sonata. Todo está implícito en su persona, anexo a su alma marchita; todo, menos aquello que arde en las llamas.
Odia el sistema medieval que soporta el mundo de los imbéciles, y así lo llama: preludio de muertes. Sin embargo, pese a todo el caos que azota el planeta, el hombre de la vieja escuela, abandonado a su suerte y alejado de la sensatez dictaminada, deja atrás a los insensatos que se creen héroes y valientes, y avanza.





Ojo urbano



La muerte de
una flor de asfalto,
la tensa decisión
de un abogado
inseguro y novato.







Nube negra de asfalto



Los vientos se detienen.
Lluvia ácida sobre la cima.
La farsa suena de nuevo,
y con ella, los bulos tontos.
No hay infierno de reventa.